| |
José Parra Finol
Poemas
LAS ANTIGUAS HUELLAS
Estoy como ayer pisando las antiguas huellas
de mis pasos.
Mirando los colores flacos de la tarde
y dando manotazos a cuanto pueda ser, en mí,
distinto.
Esto es mejor saborearlo. No es un cuento.
La lluvia cayó repitiendo nombres confusos
en la calle…
No puedo descifrarlos
Como siempre la lluvia…
Como siempre mil ojos penetrando en mí
cuando paso.
Como siempre el susurro de las bocas detrás
de las ventanas.
Como siempre los dedos señalando el borrón
de mi camisa
Es todo cuanto poseo ahora…
Dibujo una sonrisa para responder un saludo
del vecino y apago en los labios una serie
de preguntas porque es la forma de coincidir
conmigo mismo.
He decidido esconderme en las paredes de mis
carnes para no caer en el pretérito de los días
Los días son negros en el terrible desorden
del encuentro.
Procuro en la mitología de mi nombre
tu paisaje y reincido por undécima vez
en la luz de tus ojos y como una lámpara
en el naufragio me hundo en las palabras
para definir tu nombre.
(Exhausto)
CONFESIÓN
A Ricardo Ruiz Caldera
Soy el que verifica la sombra en las paredes
El ángel de la palabra en el cielo gris
de las ideas
El traficante de razones indecisas
El que precisa inyectarse de palabras
y palabras para no saber qué decir después
de una larga pausa
Soy en síntesis el desconocido
Soy el que pudo robarle el fuego a Dios
de las entrañas y repartirlo una noche
de orgía en los suburbios
El que llegó a esta ciudad desconocida
repartiendo a todos un banquete de sonrisa
mientras en cada una de ellas latía un
pedazo de nostalgia
Ahora estoy vencido…
De en medio de la sombra diviso calles por donde penetró mi infancia
y de donde surgen voces
voces
voces
y siento que desvanezco como el humo
del cigarro que hace rato encendí.
Con las puntas de los dedos desbarato
las imágenes que insistentemente me vigilan
“Nada ha cambiado aún
Allí los días están intactos como las olas
del lago y el sol sigue ardiendo en los cabellos
de los que silban para olvidar sus nombres”
Es mi propia voz
Imagino a Juan Mendoza esculpiendo las
deformadas líneas de los que aún sueñan
con el paraíso en este siglo
El reloj como un juez demente inserta en mí
su diálogo
Como única salida huyo por las orillas
de las casas
en procura de improvisar el día y olvidar
que existo.
(Exhausto)
DAMA DE PEINADO ALTO
Asido como estoy
a la soledad de las paredes
no es de dudarse que mis manos
se alejen de los ojos vecindarios
hasta penetrar en los bolsillos laterales
Aún así puedo entrar
en mil casas a la vez
Pero tú, Dama de peinado alto
lejos como estás de estos días
que huyen de nosotros como pájaros heridos
no podrás asir ni ser asida
ni entrar para salir
por las puertas de este siglo.
(Exhausto)
CALLE KL
Me proyecto a la ciudad
Penetro por calles que se hacen cada
vez interminables
Paso frente a la larga hilera de las casas
y oculto mi cuerpo en un bolsillo
para no sentirme asido
por las horribles miradas de las vecindarios
Los que descifran la palabra amor
conocen los mordiscos
del asfalto
en los zapatos
y los foetazos de la aurora
en las mejillas
Ah, he visto decenas de veces cómo los sueños
suelen descocerse como el ruido de las palabras
y cómo decoloran con los alfileres de luz
Ahora doblo la esquina con un temor
fatigable
Entro en la calle KL donde pregunto por Hurí
y regreso como ayer
herido de muerte.
(Exhausto)
DAMA DE PEINADO ALTO
Estás a ciento ochenta grados
de nuestra dimensión:
Quedita tranquila
Prácticamente
como si no existieses para nadie
Cualquiera diría
que eres el espectro de un ayer
Apenas te presienten
los que entienden el lenguaje
de las hojas arrastradas por el viento
Tu voz acaso si sed entiende
Eres como el céfiro
que pasa y juega
con tus cabellos y tu piel
El nombre de un hombre
pesa en tu nombre
como un embrujo impuesto
en expiación
Amas y sufres
y aunque eres amada
sufres
Casi se diría
que deseas extinguirte
Te pareces una sombra
cuando va a ser devorada por la luz
En tu mirada y en tu risa
penden la angustia y el temor
Estás a ochenta grados
de nuestra dimensión
Oscura
Señalada por quienes tienen
tantas cicatrices
como tú
No obstante, heme aquí:
yo, no te conozco
tú, no me conoces
Además, el precio del amor siempre es el mismo
Si muchos te desprecian
porque amas como amas
qué más da
Tú tienes algo que te eleva:
El verdadero amor que sientes
por un hombre
y el sufrimiento de amar
como lo amas.
(Después del principio)
SALMO AL HOMBRE
Haz de tu vida lo mejor
porque ésta no es la única
Cuando estés de regreso
serás tú mismo:
Otras manos
otra cara
otro cuerpo
pero siempre
serás tú…
Inclusive, otra manera de ser
Otro hombre, así como personaje
de teatro.
Nada ganas con hacer lo indebido
El retorno hacia las huellas pasadas
definen el presente
Nadie puede cambiar la carga
trazadas por antiguos actos de vidas
Si amas, serás amado
si odias, tendrás la recompensa
no aceptada
Desandar solamente
por caminos de rencores,
sin percatar las pocas virtudes
de los que un día
te ataron las manos,
significa estatizar
los pasos definitivamente
Hay mil formas de hacer posible
lo imposible
Así como también hay tantas maneras
de hacer justo lo injustificable
Sin embargo,
la venganza tiñe mal
todas las luces astrales
Si alguien te golpea
reconoce sus escasas virtudes
Luego sigue tu camino
y si miras atrás
que sea solamente
para confirmar tu presencia.
(Después del principio)
LA MUERTE
La muerte cabe entera en un palmo de la mano
La muerte no acaba definitivamente con todo
La muerte tiene presencia de ausencia
pero jamás podrá borrar
las imágenes que alimentaron
la razón de ser de dos que se amaron
La muerte podrá ponerse de espalda a la vida
pero jamás podrá
interponerse a las vivencias
de aquel que quedó justificando la vida.
(Después del principio)
|
|
|
|
Para hablar
de un amigo
José Parra Finol nace en Maracaibo el 22 de agosto de 1935 y muere el 31 de octubre de 2001. Poeta, narrador y dramaturgo cuya obra, breve, para un tiempo de vida, se detuvo un día en los pasadizos de su ciudad natal, para verlo cantar como tan sólo los amantes saben hacerlo: de frente a cada manifestación de alegría o tristeza, de cerca cuando la soledad se convierte en ventarrón ecuatorial o simplemente asumiendo el riesgo ante el silencio que todo lo envuelve en un disipar posibles crepúsculos lacustres. Sus dos libros de poemas: Exhausto (Ediluz, 1990) y Después del principio (Editorial Cóndor azul, 1996) nos dejan una profunda muestra de su paciente constancia como poeta. Nunca, durante el tiempo que vivió entre la docencia y la escritura, he conocido una mejor forma de concebir el trabajo poético como estación inequívoca de la reflexión que no busca aprobación. Cada poema suyo, es un canto directo a los avatares de la existencia, con los resuellos del corazón y la impetuosidad del pensamiento. El dolor, el amor, la muerte y la esperanza son meras partículas de un todo expresivo que busca el camino más expedito a la redención: el registro de la cotidianidad, con el propósito de abarcarla en todos sus resquicios y con ello, poder desentrañarla para conducirla hasta el sitio de la intemporalidad, esa en donde el hombre a pesar de sus miedos a cualquiera nada inesperada, podría encontrar el definitivo objeto de vivir. Así entonces, la poesía de Parra Finol plantea un ir y venir desde el quebranto que el hombre sufre por causa de una realidad que le revienta cualquier posibilidad de asirla ingenuamente, hacia la desesperación que le produce la necesidad de reconciliarse con sus crudas contradicciones y poder, al final, convencerse de su inquebrantable y trascendente grandeza. Disyunción final que lo lleva a replantearse la eterna convicción metafísica de la trasmigración humana como poética del arraigo existencial.
Sus poemas surgen en Exhausto como respuesta febril a un mundo en el que todo le impide definir las instancias de la felicidad. La mujer amada, la ciudad y los transeúntes, son apenas imágenes fluctuantes de una mente infinita que no encuentra el espacio definitivo para sus aspiraciones esenciales. De allí que el desconocimiento de sus sentimientos por parte del mundo se transforma en una respuesta directa en donde la metáfora es un recurso para conjurar la realidad como mera acción-visión-convicción objetiva. Seduce entonces sus íntimos temores y en Después del principio comienza a resolverse a través de una poética cuya esencia primordial es replantear, con la sencillez propia de un lenguaje revelador del ser en franca elementalidad, una poética del alma. Una estética del ser en eterna permanencia.
Angel Madriz


|