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La poesía de Lilia Boscán de Lombardi nos habla de una gran rotura. De una gran soledad.
En su poesía construye mundos en dos vertientes: hacia atrás, hacia la que fue; y por otra hacia la que quisiera ser. Sincronizando dialécticamente ese fluir, para convertirlo en una estética de la palabra. En su libro “Surco de Origen”, Lilia poetiza:… casas deshabitadas/ vacío sostenido / en las orillas del miedo/ donde la vida espera… He aquí la rotura. He aquí la soledad. Expresadas poéticamente en “casas deshabitadas”, en vacíos que se sostienen con algo de temor. Sin embargo la poetisa emerge y crea un mundo para aferrarse al existir. Su poesía es del tiempo. Pero sin embargo el tiempo no estigmatiza su escritura, apenas es un marco. Una referencia. Porque lo importante papa Lilia es no haber sido parte de un cosmos que le latiera a la vida. Ni ser el asombro de estar en él. Por eso su poesía no es tiempo. No es el transcurrir. Sino más bien el detenerse. El poder estar en unas voces. En unos resquicios donde pudiera aferrarse a una vida diferente y ser la otra, no el la otredad, sino en la afirmación de un espejo sin luz, que le permite penetre el la iridiscencia de una vida total. En el libro citado hay un texto invalorable. De una creación impactante, sin desperdicios: La lluvia borra la imagen/ reflejada en el espejo/ el tiempo tiene cuchillos en la puerta de olvido. / Diríamos que los cuatro términos: Lluvia, espejo, cuchillo y olvido son poéticamente similares. Espejos y cuchillos nos hablan de la luz y de rompimiento. Lluvia y olvido de realidades veladas. La lluvia es purificación en el diccionario de la vida. Y al borrar la imagen, la transforma, la limpia, la fortalece. Y el espejo -especus- refleja a quien se mira en él, es el tiempo y en este caso las desgarraduras que el tiempo ha causado y que la lluvia transforma, aclara. Pero el tiempo se defiende, no quiere ser transformado: “… tiene cuchillos en la puerta del olvido” para. Para que no todo lo que fuiste se pierda, se alquimice, para que no todo de lo vivido se pervierte o se enaltezca. Para que no todo de lo que serás sea nuevo, a pesar de la lluvia. A pesar de la esperanza. Serás hacia adelante algo de lo que fuiste. Por eso la poetisa no quiere un futuro con algo de lo que fue, sino que crea un mundo que desgarra, que quiere inutilizar, evadir lo que fue y lo que será. Ser otra no hacia el futuro, ser otra hacia el pasado para reconstruirse como una sombra que se desliza para crear vida, es decir una nueva y placentera ilusión. Ser una mirada muda. Ser una recapitulación.
Lilia se busca en espejos
de tiempo y soledad
¡Adónde voy en esta barca solo contra el revés del tiempo?
Olga Orozco. Por Gladys Aquebeque Un sesgo de fuego habita en el corazón de la poetisa. Alegato a la vida convencional, tejida en añoranza de patios con limoneros, superpuesta al ritmo, pavor y asombro que producen los largos viajes por mas – todo mas es ignoto-, de ahí la ruptura, la soledad, la sombra (olvido y muerte), como vastedad. Pero, entonces el sesgo luminoso que arraiga en la existencia se construye desde la multiplicidad de imágenes profundas como el fuego, los espejos, el árbol la piedra y, especialmente una, extremadamente femenina como lo es el agua primordial y nutricia (memoria de nacer) a lluvia, a mar, misterio y abismo. En su poesía Lilia Boscán de Lombardi, asume el miedo a la muerte –su enigma- como una reafirmación de la vida, reta al tiempo y su ultraje jugando a ser la mujer, según sus propias palabras… “Despojada de serpientes,
Borrada de los caminos,
De las aguas del origen,
De la vida fragmentada
En los días sin memoria.” Será, pues, la asunción de la vida plena, más allá del anhelo y la extrañeza, un desideratum poderoso, enérgico como ella misma |
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"He olvidado mi nombre,
no
hay quien pueda recordar
para qué sirve la vida para qué sirve el amor."
(L. Boscán de Lombardi / Voces
de la memoria.)
Lilia Boscán de Lombardi, fina dama de la palabra, tiene en
su haber una obra que, de una u otra forma, pende de las
voces secretas que circulan dentro del alma poética. Tanto
su obra crítica como, naturalmente, su obra poética
constituyen un instrumento para el ejercicio de encuentro
con esas voces intemporales que resurgen en la intención de
crear un espacio para la sensibilidad humana. Voces que
pululan el tormento, la angustia de ese hombre sensible que
abre sus venas a otros para que sirvan de fuente
revitalizadora que buscan, como ellos, humanizar la
contemporaneidad. Miguel Hernández y Federico García Lorca
son dos clásicos ejemplos que utiliza Lilia Boscán de
Lombardi para establecer un diálogo del dolor con un tiempo
que se hace inaccesible al corazón.
Sin embargo, Lilia Boscán de Lombardi creará una obra
poética que significa otro diálogo sobre la angustia que
busca esa sensibilidad perdida. Voces de la memoria (1995) y
Surco de origen (2000) son sus dos textos poéticos,
fermentados por el buen vino del tiempo como lo hiciera
también Fernando Paz Castillo, tiempo que le sirvió para la
búsqueda de las palabras acertadas y precisas de “la
secuencia lógica de una escritura que intenta nombrarse en
el tiempo, pues, al reconocer los fulgores de la vida, sus
andanzas y sus ensoñaciones reconstruye la vitalidad del ser
y sus recónditas soledades” (ORTIZ, 2000:179). Y justamente
su poesía recurre a las voces de la ensoñación para
aferrarse a una palabra que le sirve de puente con un mundo
en donde poder refugiarse de la cotidianidad que le duele
por sentirse lejos de sus ‘fantasmas’. Lilia creará desde la
palabra un nuevo mundo en donde poder protegerse con el
iris, que para ella son sagrados, de esos ‘fantasmas’ que
habitan sus soledades.
Por ello va a utilizar la palabra para buscar ese mundo de
felicidad y de reencuentros que la socorran. Ese mundo es la
infancia que recrea a través del sueño porque “soñar es una
ensoñación sin censura” (BACHELARD. 2000:60). La soledad que
nos habita en esos momentos de la vigilia nos devuelven a la
soledad de la infancia, aquella soledad distinta que nos
sumergía en la posibilidad del juego inocente de la
fantasía, y el mundo era lo que nuestra fantasía nos
dictaba: “Una danza interminable,/ una melodía/ y un gesto./
Una niña juega en la ventana/ juega y sueña,/ espera y
canta”. (BOSCÁN DE LOMBARDI. 1995:11). En Surco de origen
asegura ese deseo de caminar hacia aquella niña que abría
sus ojos a las ventanas de la noche: “El día se desvanece/ y
la noche se enciende/ con infinitos faroles./ La humedad de
los montes/ deshoja flores de infancia”. (BOSCÁN DE
LOMBARDI. 2000:23). Lilia busca hallar por medio de esta
ensoñación poética ligarse con una realidad cósmica donde
distender su soledad, en la cual se encontrará con los seres
del ayer que son los fantasmas de hoy. Una búsqueda que
atraviesa por la experiencia romántica, que es desde la
poesía, quien brinda los instrumentos para nutrir la
ensoñación:
El ser que vive en el tiempo (Hablando sobre Proust) no
encuentra ya ningún centro alrededor del cual pueda
organizarse su propia unidad. Considera su pasado próximo y
lejano, y ve que en él actúan múltiples y heterogéneos “yo”,
cuyas muertes y resurrecciones no pueden preverse por ningún
signo... Proust empieza por esta duda, y su obra entera
describe el largo camino que, etapa tras etapa, lo conduce a
una respuesta de orden místico, a una nueva afirmación de la
unidad del yo, apoyada únicamente en pruebas afectivas...
Bruscamente, las épocas separadas por años quedan cerca una
de otra; si la memoria consciente no podía establecer entre
ellas ningún vínculo, la reminiscencia inconsciente, evocada
por la vuelta de una sensación, realiza el milagro.
(BÉGUIN.1996:430)
La ensoñación permite a Lilia Boscán de Lombardi libertarse
de los dolores de la pérdida, dolores que aparentemente
desgarran su alma en esa soledad de adulto. El sueño le
brinda esa oportunidad de vivir un pasado que en la realidad
parece ajeno a ella, pero que desde este espacio abonado por
la ensoñación la hace suya, y tan real como la vida
exterior. Esta experiencia se interna en la memoria buscando
los momentos de mayor pasión y significación de ese pasado:
Más allá de mis recuerdos
viene el abuelo sonriente
regando migas de pan,
contando historias de muertos,
mostrando morocotas
de sus sueños de poeta,
regresando de otro tiempo,
iluminando el pasado
con los ojos casi ciegos,
con fiebre en el corazón.
(BOSCÁN DE LOMBARDI. 1995:17)
En otro poema de Surco de origen dice lo siguiente:
Sangra el oscuro recuerdo
como una herida abierta,
busco tu palabra sabia,
busco tu mirada alegre
en el centro de la plaza.
Me sonríes, padre mío,
en el fondo de la sala,
amargo sabor de ausencia
cuando organiza la tarde.
(BOSCÁN DE LOMBARDI. 2000:83)
La memoria, por el andar de los años y el alimento de
vivencias, se vuelve terreno casi inhóspito, lleno de ruinas
psicológicas, recuerdos sobre recuerdos, sin una
organización adecuada que pueda nombrarlos uno por uno. Los
primeros recuerdos en ser olvidados, o semiolvidados, son
los de una infancia ya lejana, por ello hay que rehacerla:
“Toda nuestra infancia debe ser imaginada de nuevo. Al
reimaginarla tendremos la suerte de volver a encontrarla en
la propia vida de nuestras ensoñaciones de niño solitario”
(BACHELARD. 2000:151). Es una urgencia que tiene Lilia poder
recordar a plenitud su origen, pero ¿su origen como mujer o
como ente metafísico?, no vale la pena la vida ni el amor
cuando no existe la posibilidad del recuerdo que le devuelve
lo que la muerte fatídica le ha quitado. La necesidad
imperiosa de un recuerdo que se encuentra fuera de la
historia, fuera de la experiencia que posiblemente haya
tropezado con situaciones desagradables; el recuerdo de
Lilia es el que reinventa en los instantes de su existencia
poética. Único recuerdo que no conoce límites, que no busca
huir de la realidad, busca, por el contrario, abrir nuevos
espacios para la convivencia con la realidad: es un recuerdo
para la expansión.
Lilia ha creado su espacio interior en aras de encontrarse
con la niña que fue y sigue siendo en su ensoñación. Ahora
busca un espacio exterior que termine de levantar el puente
con su pasado cósmico. Como todo romántico va a utilizar a
la noche como ese elemento insustituible en la labor de la
melancolía y la nostalgia: “El día se desvanece/ y la noche
se enciende/ con infinitos faroles./ La humedad de los
montes,/ deshoja flores de infancia/. (BOSCÁN DE LOMBARDI.
2000:23). La noche tiene una implicación metafísica
importante en la obra de todo romántico; la noche es el
reino por excelencia del sueño, y ella es la expresión de la
vida cósmica que busca el poeta en su deseo de unidad con el
universo, pero que tiene su enclave en el universo telúrico,
porque a su vez, el sueño es producto de la tierra en
constante armonía con la promesa de libertad. La noche va a
representar un estado subjetivo que hace al poeta más él
mismo. Es un laberinto por el cual transita la conciencia
que se representa con un apéndice de la nocturnidad:
“Apartado de ella, yo me vuelvo hacia la sagrada inefable
misteriosa noche. Lejos yace el mundo –sepultado en honda
cripta– desierto y solitario está su lugar”
(NOVALIS. 1995:27). El venezolano Vicente
Gerbasi escribe lo siguiente:
Bálsamo de divinas esencias es la noche,
que aviva las simientes con humildad secreta,
y destila en las almas su misterio infinito,
como la voz primera, como el canto primero
de nuestra oscura muerte. La noche que difunde
su santidad eterna. Alta angustia estrellada
sobre un valle de nardos. Música de los sueños.
Abismo de la sangre. Tomemos su sagrado
vino para embriagarnos al pie de viejos dioses.
(GERBASI. 1986:54)
Pero los poetas no hablan del simple momento que decapita al
día y su luz. Es un estado espiritual al cual ellos le
cantan. La noche es la devoradora del alma mutilada por la
cotidianidad, es la asesina de la vida asociada con el
mundo. A su vez, es la que garantiza el nacimiento de otra
vida distinta e intangible que penetra sin reservas en los
laberintos de la sensibilidad: “Caminos iluminados/ noches
de naciente luna/ se meten en el cuerpo/ y te devoran la
vida.” (BOSCÁN DE LOMBARDI. 1995:33). Lilia va a sortear el
conjuro mágico en la noche para que le ilumine el camino
hacia ese pasado cósmico en donde se diseminan sus “yo”. Un
conjuro que duele en el proceso creador, un conjuro de
angustia que la hace debatirse entre el amor presente y los
amores marchitos: “Creció mi miedo en la noche/ como pájaro
asustado,/ abre heridas el silencio./ Cómo arden las
palabras”. (BOSCÁN DE LOMBARDI. 2000:43).
Es el mismo conjuro que edifica en su alma Novalis,
Hölderlin, y el venezolano Gerbasi, para insertarse en la
noche infinita.
Entonces inicia la búsqueda de sus fantasmas, de los seres
que la acompañaron en el duro trabajo de la vida: sus
ángeles, ¿o por qué no? La multiplicidad de su “yo” que se
representan como figuras vaporosas del pasado. Los llama por
sus nombres familiares, ora pájaros de mi casa, ora voces de
antaño, sombras de olvido, pacientes nubes; nombres que
tienen un significado sustancial producido por alguna
experiencia de la niñez:
Colmena de recuerdos
dispersos en la trama de la noche,
regresos a la infancia
en el aroma intacto de las plantas.
Fragancia de campo en cada hoja,
manantial de murmullos conocidos,
nubes amarillas se alejan lentamente
arrastrando los fragmentos de mi vida.
Mosaico de imágenes.
Torbellino de hojas secas,
hundo la mano en el corazón del vértigo
y bebo ansiosa la esperanza
de no perder el hilo de los sueños
que se elevan más allá de las montañas.
(BOSCÁN DE LOMBARDI. 2000:53)
Lilia ansía ese reencuentro negando a la historia: “en su
seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre
adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito”. (PAZ. 1993:13). Va a negar la historia
de sus recuerdos, ya que para conquistar esos recuerdos de
nuestras soledades debemos idealizar los mundos en los que
fuimos niños solitarios (BACHELARD. 2000:153).
La poetisa recurre a esta idealización para que en ella no
ocurra la muerte como proceso biológico, porque en ella
convergen fuerzas y voluntades que desconocen a la muerte
como fatalidad. “Sólo morimos una vez. Pero psicológicamente
nacemos múltiples veces” (BACHELARD.
2000:169). Y mientras exista esta imposibilidad de la
muerte dentro de la ensoñación, Lilia recurrirá a ella para
sofocar el inaudito dolor de la pérdida.
En los poemas de Lilia Boscán de Lombardi queda abierta su
vena romántica, al estilo de los franceses y los alemanes. A
través de la poética de la ensoñación construye su mundo en
el que caben los seres queridos desaparecidos y presentes,
que no son otra cosa que ella misma proyectada en el amor a
la vida y a la creación. El mundo de Lilia Boscán de
Lombardi es el mundo de la familia que se diluye en el mar
de los sueños, porque es perfecto, es ideal. Y la palabra la
vuelve soberana del reino de una imagen que es pura y
limpia. Aún queda camino en las noches de su poesía, y
apenas despunta el día. La vida se cierra a otra vida que
morirá para hacerse eterna y lúdica luego del atardecer.
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SURCO DE ORIGEN HUÉSPEDES DEL TIEMPO Huéspedes del tiempo,
diez veces el círculo
en la misma desnudez,
doncella de mar diminuto
en la fragua del destino,
voces de fingidos dioses
en oscuro laberinto,
andadura solitaria
radiante de sol naciente. FRESCA DE LLUVIA Fresca de lluvia
amaneció su nombre
con ganas de vivir
un poco más
con los muertos
de la tierra. COMO UNA SENTENCIA Te amenazan los días.
Como una sentencia,
buscas un nuevo rostro
en las húmedas entrañas
de un segundo nacimiento. EXTRAÑO OFICIO Perdida en la madrugada
entre las líneas de un sueño,
extraña de oficio
como una desconocida. NAZCO ENTRE TUS MANOS Reinvento mi rostro
cada día,
nazco entre tus manos
muchas veces,
camino con mi sombra
distinta y la misma,
siempre a tientas. EL FONDO DE LA IMAGEN Cómo pesa
el fondo de la imagen,
sin la consistencia de la vida,
y la fábula crece
sin estigmas,
con relámpagos
en la penumbra. AMARGO SABOR DE AUSENCIA Sangra el oscuro recuerdo
como una herida abierta,
busco tu palabra sabia, busco tu mirada alegre
en el centro de la plaza. Me sonríes, padre mío,
en el fondo de la sala,
amargo sabor de ausencia
Cuando agoniza la tarde. LA LLUVIA BORRA LA IMAGEN La lluvia borra la imagen
reflejada en el espejo,
el tiempo tiene cuchillos
en la puerta del olvido. SE DERRAMA TU CUERPO Se derrama tu cuerpo
con brillo de relámpagos,
como galope de centauros,
crines de fuego
en el abismo. HAY DÍAS Hay días
oscuros,
derrotados,
nacidos como las penas
de una amarga simiente. BUSCAS TU PROPIO ROSTRO Una.
Distinta.
Buscas tu propio rostro
en los seres que te habitan
pero no lo reconoces. CANSANCIO DEL AGUA Cansancio del agua
sin sol de mediodía,
casas deshabitadas,
vacío sostenido
en las orillas del miedo
donde la vida se aferra
como si fuera un arbusto
nacido sobre la piedra.
EN EL CORAZÓN DEL VÉRTIGO EN LA INTEMPERIE DEL DELIRIO En la intemperie del delirio
el vuelo eterno de los astros
el derrumbe oscuro de la vida.
Y yo
un náufrago
en medio de la nada SE INMOLA LA VIDA Se inmola la vida
en altares de hierba,
el viento transita
túneles de sombra. Para llorar los muertos
me visto de silencio. SUBYACE LA LLAMA ROTA Subyace la llama rota
en cada desvarío
y la agonía persiste
en las raíces del tiempo
sin soles que me iluminen
buscándote todavía. EL HILO SE
FRAGMENTA El hilo se fragmenta
en el viento voraz
móvil
demente
como la vida que gira
describiendo el desamparo. DESVÍA EL VIENTO Desvía el viento
las palabras al abismo
y como hojas de otoño
caen muertas
derrotadas. DE NUEVO LA AGONÍA De nuevo la agonía
de la llama enloquecida,
las palabras se confunden
y en la penumbra del alba
como una sombra me alejo,
herida de silencio. EL VIENTO SE DETUVO El viento se detuvo en la ventana,
el faro de la noche
guía tu mirada
a mis ojos
en penumbra. CIERRO LOS OJOS Cierro los ojos
Heridos de quebranto,
la luz es tenue
como de sol cansado,
escribo los nombres
que el recuerdo arrastra. Hieren los pensamientos
y las palabras nacen
en las alas de miedo
que vibran en el alma. EL LUGAR DE LAS FORMAS El lugar de las formas
en la espiral del tiempo,
todo igual en la vorágine,
los rostros se despiden
en las aceras del miedo
y el viento regresa
de la misma ausencia. AMO LA TIERRA Amo la tierra
surcada de raíces
y la desnudez del árbol
herido por el viento. Amo tus brazos
hundidos en la arena
y la luz del sol
en tus ojos cerrados. NACER DE LA INTEMPERIE Nacer de la intemperie
cuando el sol se oscurece
y los pájaros
son sombras
de mis sueños. LEJANAS VOCES Lejanas voces
en el campo de hierba
entre mi corazón
y el infinito. CONOZCO AL FIN EL LABERINTO Conozco al fin el laberinto
el acoso irremediable
en el tortuoso hilo
del camino. Siluetas de hombres
buscan en la niebla
la huella de los días
se alejan
murmuran
un mensaje oscuro
cubierto de ceniza. |
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