Luis Suárez Rendiles

Memorial de la Casa
(Selección de poemas)

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lenguaje de la fundación, de la celebración, y aun de la iluminación, pero también de la problematización, del continuo cuestionamiento y la angustiada interrogación del mundo y de lo real, la poesía -la literatura- se propone a nuestros ojos- mejor sería decir: se despliega ante nuestros ojos -como un cuerpo textual que debemos descifrar y desentrañar a partir de las claves sensoriales, sensuales que su propia naturaleza sensible dispone sobre la página en blanco, en la cual, gracias al esfuerzo de ensoñación, asociación y analogía del creador, del poeta, van paulatinamente apareciendo las señales y los símbolos (máscaras) de ese cuerpo que nos habla desde su centro de gravitación: la nada que fielmente nos acompaña y define.

Lo primero que salta a la vista en el poema, en el texto literario es su naturaleza hermética, plural, heterogénea; esto es, el hecho palpable y evidente de que ha sido elaborado a partir de las visiones mas profundas del autor, desde una percepción sensible y privilegiada del mundo y lo real, y colocándose en una perspectiva que asume la multiplicidad y oscuridad de voces que habitan cada palabra que quiere expresar el misterio de la vida y del hombre.

En ese querer o intentar expresar el abismo y lo insondable que rodea nuestra vida y nuestra humana naturaleza es en lo cual precisamente radica el sentido primero y último del poema.

Ejercicio de la imaginación, voluntad de acendramiento en el estilo, belleza formal, hondura vital, límite del hastío y de nuestras posibilidades humanas, quebradero de la razón, visión del absoluto, insistencia en lo oscuro, vértigo del sentido, exploración de lo inusual, ruptura con todo lo convencional y espurio, la poesía, en su persistente afán de recuperar lo perdido, lo ausente, y expresar ciertas instancias de lo inefable en el abismo perceptivo y vivencial del hombre, salva y a la vez pierde al poeta -y a nosotros, sus lectores, copartícipes de esa aventura existencial de la creación-, en el sentido de que fatalmente se ubica entre lo posible y el interdicto, entre los límites de lo real posible y lo virtual, que es espejo y máscara del infinito deseo que no llega a realizarse.

Bien lo decía Valéry: "El poema es una larga vacilación entre el sonido y el sentido". Son las formas de lo corpóreo y lo sensual intentando permanentemente atrapar el sentido de algo tan lábil y evanescente como el hombre y su fugaz tránsito sobre la tierra.

Al no poder atrapar verdaderamente al mundo, al no lograr encerrar el secreto de la múltiple vivacidad de lo real, la palabra se resigna a quedarse simplemente en el acto de repetir vanamente ciertos ecos del mundo: a semejanza del caracol, el poeta se mueve con la palabra a cuestas: la palabra es su casa, su morada, para no exponerse demasiado a la intemperie y al riesgo de ser.

En la asunción plena del ser, del mundo de lo auténtico a través de las formas de lo corpóreo y aparente, radica, por cierto, el sentido más justo del poema: insistencia en las sombras para acceder finalmente a la luminosidad del ser. Es, pues, toda una verdadera aventura fenomenológica y ontológica la creación poética, la elaboración del poema. Cabría decir que el poema puede ser asimilado a una búsqueda ontológica del mundo, también a una cierta fenomenología del espíritu.

En estas palabras pensamos, a estos terrenos del alma accedemos cuando leemos Memorial de la casa, este nuevo libro de Luis Suárez Rendiles, quien antes nos había entregado versos sutiles, delicados en un pequeño libro anterior: De aguas montaña (2001). En esta oportunidad, podemos disfrutar de un selecto conjunto de nuevos poemas de este autor cuya sensibilidad, aunque muy discreta e intimista -tal vez con ecos de un acendrado romanticismo, despojando, claro, a este término de todos los lastres que con justicia muchas veces se le han endilgado-, se orienta preferentemente hacia la naturaleza, los espacios abiertos, hacia un cierto paisaje que armoniza con los estados de ánimo del autor, como querían precisamente los románticos. Y en esa combinación o conjunción entre paisaje externo y yo interior del poeta se va dibujando una poética de lo sugerido, lo sugestivo y figurado hasta convertirse en la mayor fortaleza y sentido de este hablar cadencioso, a ratos sincopado, apagado, muy armonioso y delicado.

La casa como hábitat y como lugar del hombre, como origen y centro del imaginario poético, pero también como morada del ser, se constituye no sólo en el tema único de esta poesía sino en su razón de ser.

Noches y días vividos e imaginados, dibujados desde una sensibilidad que privilegia los lugares del afecto y la ensoñación, configuran el verdadero sentido del poemario: la presencia de la casa, la morada del afecto y las raíces, el lugar de la memoria y los sueños: "Y tú allí, lugar abierto de la casa,/ siempre, como condena de dioses/ en la quietud de tus cuatro costados", señala el poeta en la estrofa final de uno de los poemas de este libro que de nuevo afirma la voluntad expresiva, la pureza estilística de este au¬tor cuya palabra se afina en lo fatal: "Hemos salido de la casa/ pero está escrito/ que regresaremos a ella." Rotundidad del verbo que sabiamente se expresa en la convicción de que la casa para el hombre, para el poeta será no sólo su refugio sino su “lugar de siempre”

Jorge Luis Mena


 

DE AMORES, SOLEDAD

 

De bajo perfil y en retirada silenciosa ante la escritura simbólica que actualmente se está publicando en el país, la lectura de un intenso poemario: De Aguas Montaña de Luis Suárez Rendiles, nos saca del marasmo intelectual y nos pasea por un universo abigarrado en el que la palabra no está dominada por las tendencias poéticas de moda, ni se identifica con los cánones líricos ya desfasados. Intuimos una poética ·”cotidiana”, es decir, libérrima, auténtica y testimonial. Su compromiso virtual estriba en un intento ceremonial de desmitificar el amor, revitalizar la soledad y delastrar la conducta, desmontando los hallazgos y descifrando los enigmas.

La amancia, la solitud y el proceder constituyen una trilogía anímica que se intercambia y amalgama con el resto de las sensaciones acumuladas en la intimidad, cuyos latidos se hacen sentir a través de unos giros polisémicos donde los acordes sígnicos se refunden entre las pausas del silencio. Así vemos como la soledad conduce al creador a un ensimismamiento que incrementa la búsqueda del amor perdido, aferrado al porvenir en el que cada comportamiento representa un cúmulo de incidencias eróticas; cual en tanto éxtasis nos aleja de la relación dialógica establecida, construyendo un soliloquio desgarrado que se afirma entre el placer y la frustración.

Sin llegar a aislarse en una forma hermética, sus signos son claros, sencillos y concomitantes, expresados por imágenes alusivas y sutiles, pero sin afectación ni enfrentadas al desparpajo contingente. Abordamos una escritura decantada, laboriosa y nostálgica, ajena de toda verborrea y expresiva del deseo primordial de ubicar los orígenes del recuerdo y delimitar la sordidez del olvido. El poeta, como “rastreador de entelequias” y “hacedor de palabras”, no tiene más remedio que asumir una búsqueda ontológica, cuyas expectativas se explayan en las posibilidades de los actos humanos, conjugados intuitivamente en una explosiva visión lúdica del mundo.

A medida que leemos, apenas escuchamos los acordes poéticos del autor, orquestando una forma diferente de enriquecer la cotidianidad. Percibimos ecos pasados sedimentando su sentir y voces actuales catapultando su pensar, modulados por el recuerdo, la reflexión y la interrogación. Todo ello involucra los registros sígnicos de la obra en una sinfonía inconclusa: honda, vehemente y grave, cuya ejecución aturde el raciocinio, desnivela el sentimiento y desnuda la existencia. Poesía vivificante portadora del testimonio persistente de una doble experiencia indagatoria : la intelectual y la emotiva, que amargamente cuestionan la efímera vivencia y el absurdo mortal.

En los poemas de Luis Suárez Rendiles lo sensorial, aunado a la memoria, se transforma en vivencia, delinea la festividad del ser y rescata la versatilidad de los contrarios. Mediante una palabra ágil pero serena, sensible pero crítica, elaborada pero discreta, nos sorprende con un lirismo claramente lúcido y una mesurada fuerza estilística. Sus elucubraciones metafóricas bordean los límites de la experiencia humana, estableciendo una confrontación vital con un mundo repleto de dudas, equívocos y manipulaciones. De allí que sus locuciones despabilen olvidadas consejas y descodifiquen usuales conceptos, que oscilan entre la fabulación y la realidad.

El acto poético: ¿objeto de amores?, ¿ sujeto de soledad?, ¿búsqueda ontológica?, ¿quién lo sabe? Las respuestas del escritor ondulan y nos hacen vibrar al asumir la vida desde una posición hedonista. Enfrentamos- aparentemente – una expresión con el sentir sosegado, pero con el hacer –realmente- efervescente; comprometida con sus querencias temporales. En ella se eleva el lenguaje coloquial a la esencia de constructo estético, por lo cual su pensamiento alcanza una validez que trasciende lo inmediato y reafirma un discurso, insinuante y sorpresivo, que trata de rehabilitar el ejercicio imaginativo como función primigenia.

 

Alberto Añez Medina


A PROPÓSITO DE “MEMORIAL DE LA CASA .

Teresita Álvarez de Fernández

En   nuestra  agitada vida diaria, llena de exigencias, compromisos familiares y otros propios de la vida académica, siempre poseemos un espacio para la reflexión  y el análisis de todos esos momentos que nos  permiten crecer en compañía de otras personas,  cuya afinidad nos  identifica y une en la manera de ver la vida y sus valores.

Hoy, cuando  el andamiaje de recuerdos nos lleva a otras orillas, a fuentes donde la levedad de las aguas nos permiten, tal vez por segundos, volver a lo que realmente fuimos y somos, la fantasía; atributo reservado a los hombres por obra de Dios, en el despliegue de las sombras, me dejo llevar por los sueños hasta el aposento de un intenso poemario intitulado “Memorial de la Casa”, escrita por nuestro distinguido amigo de siempre, el poeta Luis Suárez Rendíles, destacado profesional de la docencia universitaria y del derecho, obra cuyo contenido refleja visiones del autor,  mezcla de profundos sentimientos, sin que ellos distorsionen el valor y el rigor del quehacer poético que Luis viene desde hace tiempo  aquilatando, en ese afán cada vez mayor que los poetas imprimen para atrapar la realidad y metamorfosearla hasta crear el mundo maravilloso que se traduce en la obra de arte. 

Reconociendo mis limitaciones en la poesía, me atrevo a escribir estas notas sobre lo obra de Luis Suárez porque su lectura realmente crea profundos  sentimientos que merecen ser compartidos,  toda vez que ellos nacen en ese lugar común que es la casa, donde las nostalgias, recuerdos, vivencias y otros quehaceres, van de la mano con el amor, la vida y la muerte.

Ciertamente,  Memorial de la Casa, condensa lo que ese genial poeta nuestro, Camilo Balza Donatti, representa en su hermosa obra ”Arquero de la noche”: “…relámpago en medio de los bosques/ donde el estupor de la poesía conmueve”.

 Una vez más, la palabra, recurso maravilloso del hombre, en la imperiosa necesidad de existir, nos conmueve, proyecta y ubica en ese “lugar de siempre” , “ posada perenne de la luz” , como lo denomina  el autor, lugar donde se establecieron las bases de nuestro futuro como personas, amalgama  de valores y sentimientos, la casa, pero además, nuestro amigo Luis Suárez Rendiles, perfila en su obra serias interrogantes de corte filosófico en esa búsqueda incesante de respuestas y consejas, así , toman vida las siguientes expresiones: “Hemos partido desde el mismo punto hasta el mismo punto” , “todo pasa, sí, pasa el tiempo y estamos lejos de la nada”, “ las cosas no nos pertenecen”, “ el lugar que nadie usurpará ni siquiera con la muerte”, “la edad sin regreso”. Sin duda alguna “Memorial de la Casa” es un poemario denso que debe despertar en los amantes de la poesía la necesidad de leerlo para desmontar los signos que cubren sus imágenes y metáforas, elementos sin los cuales parece no existir el poema.  En conclusión, esta obra combina en el lugar de siempre, las nostalgias, sentimientos, los seres, las huellas, la evocación, las creencias, la esperanza, desde una perspectiva sensible y privilegiada del mundo y lo real, como bien lo expresa en el prólogo, el poeta y profesor universitario, Jorge Luis MENA.

 


DE AGUAS MONTAÑA

 

 

 

1

 

Cuerpo, palabra, destino
síntesis del ser
mas,
soy pájaro frágil
en la crispada rama,
en la soledad de la ventisca,
elévome sobre nubes,
guardo secretos del asombro
no es mi ser
atiendo al llamado de las aguas
y rompo la quietud de las piedras
bridas temerarias en el trance posesorio.
No más silencio
soy rio.

 

 

2

 

A propósito
me he instalado frente a ti
si por un instante
abrieras camino en tu vastedad,
la palabra me hablaría nuevamente
pero la estulticia
llenaría mi ser
entonces,
inicio la ceremonia
para descifrar tus mensajes
no cesas de hablarme
¿es que acaso tendré que conformarme
con nombrarte? ¿o eres tú
quien me nombra en cada gesto?

 

 

3

 

En el fondo, el misterio
la mirada escurridiza
en las sombras
la arrogancia desafiante
de las aguas
el viaje sin destino.
Todo se junta a gritos
frente a un silencio
de piedras.

 

4

 

Quizás
recurramos al sueño
cuando el tiempo luzca inexplicable
entonces,
construiremos el diálogo
donde la muerte,
no entierre las palabras
y los pájaros
siembren los espacios
hastiados
de la sordidez.

 

 

LUGAR DE SIEMPRE

 

Hemos salido de la casa
pero está escrito
que regresaremos a ella.

Deambularemos, tal vez,
recorreremos valles y colinas
creyendo habitar otros recintos.

Nuestro cuerpo no será más extenso
que ríos infinitos.

La luz nos seguirá como relámpago
en medio de la llovizna.

El asedio del camino
será entonces ovillo de arena,
savia de los árboles
arrecife sembrado para siempre.

En vano habitaremos trópicos
el frío nos seguirá
hacia el mismo lugar,
donde redimimos la soledad.

 

 

POSADA DE LUZ

La casa,
cola misma de volantín en fuga
en noches y días
posada perenne de la luz,
de flores y yerbas despiertas
al sonar de las urgencias
de la figura perdida en las sombras,
miel destilada por los árboles
del murmullo y el celestinaje.

Qué de los gemidos opacados
por la fiebre de los cuerpos
y las palabras rotas
recogidas una a una como pétalos.

Y tú allí, lugar abierto de la casa,
siempre, como condena de dioses
en la quietud de tus cuatro costados.

 

DÍAS DE ABRIL

Días de abril
la casa se esfuma bajo el aroma del incienso.

La abstinencia recorre nuestros cuerpos
las calles profanas no escuchan las palabras
tal vez en ellas se conjura a los demonios.

En esos días las aves y reptiles
posan tranquilos en nuestras manos.

El silencio enfría las aguas
y un orden inaudito reposa en la casa.

 


SILENCIO

Un llamado en la noche
es siempre una sorpresa.

La oscuridad confunde
y no atinamos el aceite ni el fuego.

Mas, desde las tinieblas
vi tu rostro joven y cansado
en mis sentidos estallido de luces, fiesta de pueblo.

Las ferias ancestrales
dejaron siempre un olor a frutas
a perfume de plaza antigua
a huellas de libaciones y penas ocultas.

Frente al tiempo que pasa
todos saludan al Mayor:
¡Mayor, Mayor!, mis respetos Mayor
¡déme la bendición, Mayor!
¡otórguenos permiso para atravesar sus predios, Mayor!

El hombre sólo mira distante
recostado en la cima de la soledad
frente a la lejanía, rodeado del silencio
y un trepidar de recuerdos inauditos.

Nadie logrará tejer el mensaje de ilusiones perdidas
la visión de aquella mujer
y los días desgarrando la memoria.

 

MEMORIAL

¿Es verdad que hoy vivimos otros sueños?

He visto los mismos rostros por los encandilados
he sentido sus pasos debajo de los puentes
y es la misma huella que dejamos olvidada
en una esquina del tiempo.

Solíamos transitar caminos tortuosos, es verdad,
probamos el más amargo de los licores
y perdimos la cordura legada por los antepasados.

Todo fue en vano
llegamos al mismo lugar
en cuyas capas nos perdimos.

Tal vez conservamos la inocencia
la misma tantas veces perturbada
por la debilidades de la fe
por el amor desgranado en los boleros lacerantes
de Julio, Olimpo, Daniel
y en todo tango con sabor a veneno
que nos desgarrara el alma
por un amor de mentiras.

Hemos partido desde el mismo punto
hasta el mismo punto.

Las ansiosas voces aún retumban frente a los bares
donde mujeres prodigiosas
aliviaban nuestros deseos con palabras inventadas
en una lengua proscrita.

¿Dónde están ellas ahora?
¿en cuál capa giramos en este atardecer?
no imaginamos entonces que seríamos desertores
de nuestra propia sombra.

Hemos despertado de una ebriedad indómita
y una fiebre mortal abraza nuestros cuerpos.

Veo ahora brotar los ojos de angustia en mis amigos
y sus labios no logran pronunciar la última palabra.

Dime: en cuál capa estamos ahora,
cuando la noche amenaza con el aullido de un silencio eterno.