María Lourdes Hernández A José Antonio
Estas son las palabras Estas son las palabras
Hacer una enredadera de tus voces
Me acerco hasta tu puerta,
Simplemente sentir Oír tu sonido de piedra Bajar a la azotea
Mi voz Yo veré cómo rompe Cuando llegue la noche Flauta de mariposas Marchitarán mis galas
Corazón de musgo Camino del cementerio Corazón de aves migrantes Corazón de relámpago sin sexo Corazón de faro trunco Y un corazón sin manos.
¡Ah! Corazón suicida
Yo he pasado los puentes y hay silencio. ¡Ah! corazón te ríes. Hay orfandad de agua sobre la hierba luna. En las bocas aéreas van espigas sin rumbo. Hay un irse frustrado de cigarras marchitas. Sobre la piel de los niños hay cicatriz de rocas.
Corazón campana de los templos solitarios.
¡Llama !...
En la gruta de sombras. En los mares. Llama, hasta que se despierten las voces milenarias de todos tus hermanos. Y truenen en las bocas los dardos de la angustia. Hasta que algún planeta te haga surco en sus manos.
Caballos de la noche surcados de arcoiris ¿reconocéis el astro de soledad que llevo?
Lentas mariposas subieron en la tarde. Hondura de tan viejo dolor. Alguien dijo río y penumbra pero no había brisa que sonara campanas. Desde la montaña alguien buscaba el horizonte y se tapó los ojos antes de dar el salto. Terminó colgado de su propio grito.
Allí donde hay un pozo de palabras quiébrame tus sonidos acaso escuche el espeso crujir de tu madera.
Todavía la noche todavía las voces derramándose. No hay sol. La infancia entre los ojos : algo cae como un volantín perdido. La infancia cae por mi cuerpo la infancia todavía sonrisa, instante. Todavía madre clavada en el asombro de la primera palabra.
Yo te nombro dueño de mis poemas buzo de mis angustias Cisne de mi tristeza en este mar infinito de caminantes yo te nombro. Pregonero de soles viajero de mis sueños te adhieres a mi piel todo tú en mí. Eres mago de instantes y de luces sembrador de estrellas fugaces. Alguna vez vienes a mí trompo de fuego corazón de pájaro. Golpeas el corazón campanas hacia dentro.
Mi amiga pasó junto a mí sin verme porque no era yo. En cada rostro hay una soledad distinta.
Alas del corazón columpios impetuosos mis sueños.
Mi nombre dijeron los del viento que es mujer. Pero ellos no saben de palabras.
Alguien dijo magia cuando conjuré tus pasos. Y por tener el sol entre mis manos se me escapó tu nombre. Grité que era mujer sobre mis hombros el camino y viniste conmigo.
Aguacero de sombra y luz, túnel de viento, yo mujer, hembra al fin desde aquel árbol aquí mujer.
Hechicero en mi alma borras el tiempo y ensanchas mi ser hacia la noche. Testigo fui de tu inocencia cuando te desnudaste como un niño frente a mí. Húmedas palabras expandían nuestros sueños. Furia de espigas en el viento. Testigo fui de los atardeceres tus manos abiertas como el fuego porque sólo tu magia ha hecho de mi piel un arcoiris
Te amé desde donde se deshilacha mi voz y se hacen luz las gaviotas. Te amé desde regiones donde mi ser se apaga en sombras. Desde mi piel abierta a tus delirios porque en cada pájaro que canta hay algo tuyo.
Allí donde soy una simple hebra de luciérnagas me gusta acurrucarme. Es cálido ese rincón.
¿Recuerdas cuando al borde del beso me preguntabas por la vida? Yo decía : La vida es hermosa... Tú te quedabas silencioso y profundo. Yo repetía interminablemente La vida es hermosa... hasta que me callabas con un beso. Desde entonces nunca más preguntaste por la vida. Sabiamente te quedaste callado, dejaste que la vida me enseñara a pensar.
El tiempo al parecer se desvanece pero la memoria - ahí - a veces se desborda. Pesan tus ojos con la secreta hondura. Pesan. He intentado cambiar de espejo por si la tarde pasa con su costal de sombras. A veces somos un pedazo de leña sin voz para el gemido y algo de asombro queda todavía.
La vida se nos está yendo. Cada pájaro es una mirada menos. La vida se nos va.
Nos quedamos sin voz de tanto otoño. Cada pájaro repite con su canto nuestro largo silencio.
Cuando nos amamos el ahora es una playa inmensa como la eternidad.
Tú te desbordas en esos días sin tiempo y tu alegría es un río que nunca alcanzo. En esos lugares donde el fuego no existe ¿en qué crisol pondremos a dorar nuestros sueños? ¿Cómo encontrar la mañana que buscamos si la noche se detuvo para siempre?
Algunas veces me ausento cierro con candado mi casa me oscurezco y desde la buhardilla miro hacia afuera y pienso.
Un día me dijiste que amabas la belleza y por mi alma se asomaron tus ojos. Desde entonces testigo soy de tus pasos. La belleza te hizo caminante.
Hay algo como de flor. Algo como de tren gimiendo por un túnel. Algo como de cántaro vacío en nuestra piel. Y nos quedamos sentados en la estación de siempre esperando por alguien desconocido mirándonos las caras. Y nadie se atreve a preguntar.
Yo te busco desde otro tiempo, desde otras huellas clamo por ti. Porque sé que saliste a desfacer entuertos. Desde otra memoria te recuerdo devorador de círculos. Un día tropezaste con el otro que eras desde entonces las dos imágenes son una. La tuya de caballero andante deshacedor de enredos amante de la luz. Y la del espejo un rostro para llenar de sombras.
Mañana diremos a los hijos que no tuvimos tiempo para amarnos. Ellos se reirán de nosotros y lo intentarán de nuevo. Nadie tiene la culpa de ignorar lo que se aprende después de viejos.
Si lo sabrán los niños. La vida es un tobogán.
El tiempo no existe pero nos ponemos viejos. Sea la oscuridad mi mesa para pintar mis sueños. Porque los sueños en color alejan la tristeza y hasta sonido tienen.
Atravesar tu cuerpo y atravesar la noche sonajera del rumbo y de mis horas. Cuando besas la curva de mis senos cuando corre tu sangre en mi desvelo y agoniza en mi cuerpo tu nostalgia cuando cubres mi vientre con tu sombra y la sangre se agita sobre el cuerpo hay un himno de fuego que nos quema hay un rapto de viento hacia el instante. Cómo pesan tus sueños y tus ojos.
De niño te vi jugando con el sol cargabas un pájaro en la mano... yo te hice prisionero y desde entonces mago de mis campanas vamos juntos de viaje.
Y me sentí una pequeña gota de fuego yo, la furia, el huracán. La noche entre mis venas. El silencio.... el silencio.... cayendo sobre mí.
A Helenita
Helenita, tu aire se llenó de sombra porque en ti la ausencia es un vacío de mariposas. Tu tristeza recogida en una crineja y en tu sola voz había pájaros errantes. Sé que andas por allí. Todas las niñas son tu voz llamando a tu mamá.
Yo sé de las raíces hondas de la carne madura de tanta circunstancia. Yo sé de mañanas inundadas de pájaros. Yo sé de los viejos sentados en los parques. Y sé de la hojarasca al pie de los frondosos árboles.
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