Estoy aquí, el hombre de la derrota.
Un pájaro se me acerca y me canta al oído
la melodía que sólo él y yo hemos cantado.
Aquí me quedo
llenándome mi corazón
de una larga derrota,
que no eres tú.
El hombre de la derrota
saca su asta
y la blande al mundo,
pero su ilusión no sabe cómo la quiere
más allá de la vida,
donde no hay olvidos. El cielo es inmenso
dicen que el cielo es infinito.
Infinito es este amor que
se hace a la orilla y la burguesita
hace puchos; los puchitos de la burguesita
son los besos que el hombre de la derrota
esperaba.
La vida me ha dado a cambio un vuelto
el dolor de navegar contigo.
La vida le dice al hombre de la derrota:
-toma el tren.
El tren se hizo de lata y sólo los niños
juegan en el tren de hojalata.
La vida le dice al hombre de la derrota:
-aquí me quedo.
El hombre de la derrota se restriega el rostro
y saluda a lo que le queda de vida.
Estoy aquí
desde una trinchera, amándote.
Te tomo de la mano y
me sumerjo en ti.
Ahora estoy frente a ti
palpo tus senos
y agarro los dedos de tus pies
un beso
y estoy ahí desde
la trincheraamándote. Mariluz No te olvides de mi nombre,
aunque es tan sencillo como una moneda.
No te olvides de mi nombre,
aunque lo dices como una frase de majar.
No te olvides de llamarme,
aunque el tiempo que me resta
es el de los martes.
No te olvides de colocar mi nombre
en tu teléfono,
me perdí en una esquina. El almirante de Canarias Llegaste aún sin la hojilla de afeitar
con los brazos henchidos de remar.
te arrojaste a una tierra color de hormiga
el asa entre las manos y un libro
donde anotar cuentas. Bebías del vino de la faena
y alzaste una taberna con los peces
del velero que te trajo a la tierra
color de hormiga y agua dulce salada Tú, almirante, que te esposaste
con la flor no me olvides
y sembraste tres girasoles,
tu palabra de bondad
se cuece como trillas
en el girasol que se parece
al viento de tu velero Los tres veleros hicieron velas a la mar
ahí venía quien sembraría tres girasoles
en la flor de no me olvides
Uno venía con una libreta de notas,
la libreta era su almohada
y comenzó a hacer su historia
en la tierra color de hormiga. El almirante de Canarias
tostó su corazón
al llegar a la tierra color de hormiga
su viejo entre barrotes;
su mamá en la distancia
en las cartas le quitaba por un rato
que su corazón se ponía chiquito. El almirante de Canarias se rasuró
y su papá no estaba allí
para decirle: -hijo, la hojilla que te mesa la barba. El almirante de Canarias un día
se lavó el rostro y echó a caminar
a la tierra donde los bocachicos y los almendrones
curvan la ciudad. El almirante de Canarias
preguntaba por una sola flor,
la flor de no me olvides. |