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Alfabeto Chino I ¿A quién busco a tientas en este día nublado?
Acaso persigo los recuerdos,
o son las sombras deslizándose en mi espalda
dibujándome algún mortal aviso
tengo frió, en el cielo negro
ninguna estrella ha encontrado su molde en mi mirada
no hay música más triste que ésta que estremece mi
alma
despojándola de su tiempo y de su historia
¿era yo quien quería
emprender este viaje sin rumbo y sin regreso? II Bailo con mi suerte en esta noche oscura
sin reparo ni dios para el mañana
como el aire que pierde su contorno
dispersándose en inmensidades
me sacudo de vértigo en un giro
después, la vorágine se opaca
y la zozobra me pisa los talones
en mi mente comienza a dibujarse
un nuevo paisaje desolado...
Cuando salgan las estrellas a soltar sus lágrimas
la canción habrá cesado y yo estaré muy lejos. En el Teatro Universal I Era un día hermoso
decidí darme a la ilusión de que era bueno
liberé a los niños
reviví a los perros
me vestí, enterré los cuchillos
y salí a la calle a asolear mi vergüenza
caminé elegantemente, me comporté con gallardía
respiré hondamente y sentí
Pero a la vuelta de la esquina
di con los aullidos
los cuervos graznaron, los nidos de los pájaros cayeron
el sol se ocultó en lo más recóndito
hasta que al fin del camino
encontré el gran manantial
y sus aguas cristalinas me ofrecieron otra vez el vil reflejo
Fue cuando di media vuelta y regresé a casa. II En esta realidad continua
sin noches y sin días
descubro que no soy
que tal vez pude haber sido
que quizá no existo
ahora quisiera buscarte
o esperar a que me encuentres
¿pero si como yo
en el caos inexplicable
eres de la locura
insumiso esclavo y dueño?
ay de mí entonces
a quién susurraré esta angustia
quién me hará creer que estoy vivo
quién conocerá mi miedo
quién hablará conmigo
dentro del laberinto. III Conocer finalmente el único misterio
hizo que mis movimientos, mi expresión, mi aliento
carecieran de objeto, de voluntad y de sentido
Como un idiota de pie ante la vitrina de la creación
me estremecí de lástima al verlos del otro lado
he aquí que en esta feria providencial
se me otorgó un mínimo de clarividencia
y por un feliz instante
fui una marioneta desterrada del teatro universal. La Luna en Acuario I ¿Hay alguna respuesta en la escritura de los astros
en el lenguaje de las manos
en el murmullo de las hojas
en los vacíos de las tazas, de las copas
o en una carta descubierta que cuente
los gritos del corazón?
¿Y habrá algún recuerdo frágil
sujeto por un hilo de deseo
y trucado por la luz de las estrellas
de una noche que ha transcurrido
únicamente en nuestros sueños? II A todas las lágrimas
que llenan los abismos formados por ilusos momentos
durante vidas fingidas, decantadas
sobre este extraño que ahora soy
abro las puertas de mi rostro
y respiro profundo
para que llueva a torrentes y un huracán azote
las áridas inmensidades
donde el alma tiene su aposento. Eternidad En el frió que fue la vida, el túnel y la luz, me detuve absorto, contemplando asustado y confuso el motivo, la razón y la misión a la vez. No podía dar un paso, mis manos alargadas y pálidas se encontraban oprimidas contra los bordes palpitantes de la celda, y la lluvia afuera caía y caía, golpeando las cabezas y mojando a mis dioses, alabados fugitivos de esta tragedia de nombre equívoco, autores irresponsables de este error infinito que no encuentra espacio ni momento preciso. Así el helado filo acerado, eterno estigma de los representantes de mi raza, me abrió el camino y surgí entre las lágrimas empuñando sangre y piel destrozada y sanada mil veces hace tiempo. Un grito desgarró mi garganta y estremeció a los astros, esta historia sin final conocida y absolutamente aterradora tenía un nuevo intruso que, salvaje e indefenso miró directamente hacia los ojos del tiempo y descubrió que no habría otra verdad tangible, ni otra comunión perfecta, si éstas no eran alcanzadas por la muerte. Morir, sería vivir entonces, y cada evento maravilloso dibujado en finales habría de llevar la marca, la señal absoluta, este perfil perfecto que dejó mi rostro en las paredes de la celda, estas manos y estas piernas infinitamente hermosas más allá de la naturaleza humana y que una y otra vez, como una bofetada al rostro arrogante y caprichoso del destino, resurgirían para cumplir su misión ineludibe y perpetua de existir. Astrail En una hora incierta de la madrugada, contemplo
sin parpadear el largo y arqueado perfil de tu
cuello frente a la ventana. Tu nariz es recta, tu frente
amplia y cuando hablas, se insinúan los bordes filosos
de tus dientes y tu lengua levemente curvada.
Afuera una tormenta de arena se levanta, y en mi
sarcófago de sueños, conjuros y conquistas inútiles
siento una vez más que la bestia se despierta sedienta,
furiosa, y palpitante. Ned Gerónimo, Hamlet, Tamburlaine, Mercuccio... la
alquimia de tu rostro, variable como las mareas, está
grabada en los contornos de las tablas, los telones y los
espejos, y todas tus voces resuenan en la sala mientras
tu belleza hace palidecer la poesía, la canción y la obra.
Bailas con pies blancos sobre el escenario de la
tragedia, profiriendo el hechizo con tu espada, tus
lágrimas y tus maneras, siempre lindando la línea final
del monólogo más hermoso que jamás se haya escrito...
Yo mientras te contemplo conteniendo el aliento
hasta el último instante de la eternidad. |
     
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