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Miguel Ángel Campos - Entiendo que tú eres un testigo excepcional de algunos procesos intelectuales recientes del Zulia. Tu llegada a Maracaibo un poco antes de los años 60’, te permite apreciar un poco qué es lo que está quedando atrás y qué es lo que surge. Sin embargo, frente a esa dinámica de cambio o insurgencia de esos años, tu te afilias a una corriente que podríamos llamar conservadora; te unes a un grupo de intelectuales casi de oficio y fundan un periódico extraordinario, de título sartriano, Situación, donde Uds., se dedican a examinar aspectos de la filosofía, de la política, pero con más acento en lo intelectual. Entretanto, están naciendo grupos contestarios que los hacen lucir a Uds., como fuera de moda, que insisten en un discurso muy elegante, mesurado, casi ecuménico... Permíteme que apele a un proverbio chino, en él se dice que cuando se maldecía a alguien se le sentenciaba de esta manera: “Te condenamos a que vivas una época interesante”. Yo creo que de alguna manera la gente de los años 60’ estuvimos malditos, fue una época realmente extraordinaria, vivida plenamente desde las diferentes ópticas en las que nos ubicamos, y apelando a diferentes pasiones, en nuestro caso la literatura. Nos ubicamos en la línea del pensamiento y utilizamos la literatura como instrumento de análisis. No se trataba de saber quiénes estaban equivocados o no, lo único válido era la certeza de que estábamos trabajando en terreno firme, y esto cuenta tanto para nosotros como para quienes estaban en otras trincheras. Si me lo permites, me gustaría hablar un poco desde la perspectiva de mi experiencia. Asumí actitudes políticas puesto que fui estudiante del Liceo Baralt, que era un Liceo aguerrido. Fue una época de tremendas discusiones en el seno de los partidos políticos; y nosotros nos ubicamos en el plano de la izquierda. Con el tiempo entendimos que no era necesario ser de izquierda para ser revolucionario. Éramos de izquierda en el sentido ideológico, para contrastar algunas ausencias en nuestro medio, de nuestra realidad política. Desde el punto de vista intelectual no sólo sabíamos que valía la pena escribir, sino que era necesario hacerlo y que salvar el pensamiento era salvar la época, era mantener encendida la llama de aquello en lo que nosotros creíamos, o pretendíamos creer. Así por ejemplo, cuando hablas de Situación, un periódico que surge por iniciativa de un escritor que yo respeto mucho, un hombre que ha sido uno de esos escritores que en Venezuela no ha podido dar lo que realmente debiera, me refiero a Francisco Riquelme. Pues bien, Situación surge por afinidades electivas. Allí están los hermanos Riquelme, Ignacio Quintana, y otros como es el caso de Nicanor Cifuentes y mi hermana Alba. Éramos un grupo de enamorados y de creyentes. Queríamos hacer un periódico que fuera un poco la voz de la época, de un aspecto de esa época insuficientemente estudiada. En el Zulia no hay un intento por explicar el fenómeno sociológico y artístico de esos años; nosotros creíamos que era posible un enfoque explicativo del asunto, más allá de la pura participación. Había condiciones para hacerlo, teníamos un grupo importante de profesores en la Universidad del Zulia, representados por esa figura señera que es José Manuel Delgado Ocando. - La Universidad, entonces, era un foco importante de discusión... Ella fue el alma del país en los años 60’, y yo diría que por algunas razones lo sigue siendo, quizás con menos garantías intelectuales y de discusión. Fue quien nos dio todo en materia de posibilidades de expresión, tanto políticas, como culturales. - Dijiste al principio que tuviste vinculaciones con la izquierda, simpatizabas un poco con movimientos de ruptura, de cuestionamiento. Ahora, ¿qué te lleva a distanciarte de ese aliento inicial y ubicarte al lado de un grupo intelectual de tradiciones liberales, y de alguna manera de las más orgánicas del país? (lo que de alguna manera te facilitó la realización de tu obra literaria, al mantenerte al margen de sobresaltos). Bueno, yo no he interrumpido mi dirección de pensamiento, creo que orgánicamente sigo siendo un hombre de izquierda; si por izquierda entendemos la posición de alguien que cree que el mundo debe cambiar, que es necesario ir contra toda esa normativa que tiende a mantener las estructuras de un sistema por muy empobrecidas que estén. Logramos deslastrarnos de actitudes rígidas que fatalmente evitan poner todas las potencialidades en función del hombre y su entorno. Logramos compaginar nuestras ideas y ponerlas en función del acto creador. Creo que supimos guardar la distancia cuando la mezquindad hizo presa de la época. Camus, Sartre, Guillermo de Torre, fueron nuestro refugio, y no nos arrepentimos de ello... -A finales de los 60’, Laura Antillano publica La bella época, y ya tu con seguridad, tienes escrito buena parte de los textos de El amanuense; Francisco Riquelme tiene Los estigmas listo para Monte Ávila, César Chirinos organiza los originales de Diccionario de los hijos de papá. Todos son libros distintos entre sí, casi encontrados, a excepción, tal vez, de El amanuense y Los estigmas. ¿Cómo se veían Uds., en la ciudad, unidos sólo por el oficio, pero como en compartimentos estancos? ¿Cómo era la relación con esos otros grupos radicales, que se sabían los herederos legítimos de aquel proceso de cambio? No era una relación de alejamiento. Nuestros trabajos no iban por los mismos caminos, cada quien tenía su óptica, era libre para elegirla. Había textos que no nos agradaban, como igualmente había cosas que ellos consideraban pasadas de moda y en las que nosotros creíamos. Pero eran más las cosas, seguramente, que nos agradaban. Éramos individuos que vivíamos en una profunda soledad, entendíamos el proceso literario como un alejamiento, apartamiento hacia la reflexión y el análisis, y eso no significaba meterse en un castillo y aislarse. Vivíamos la realidad de la ciudad, compartíamos con su gente, era la misma lucha. Pero a la hora del acto creador nos retirábamos, éramos muy pocos afectos a la actividad cultural en sí, muy poco ganados a frecuentar exhibiciones de pintura o ir a conciertos, o si lo hacíamos era mesuradamente, en todo caso se nos veía muy poco en esas actividades, y en ese sentido se nos ha podido ver como clandestinos; pero el hecho artístico era en nosotros tan intenso como en los otros. Una característica muy común a los grupos literarios de la época era la de mostrarse sus trabajos, leerse entre sí lo que se estaba haciendo. Para nosotros no sólo era una práctica extraña, sino que era ajena al ejercicio mismo de la escritura. Yo nunca llegué a ver los textos de Los estigmas previo a la edición del libro. La pasión por la literatura era igual al celo por nuestro trabajo. A Francisco, por mi parte, tampoco le mostré textos narrativos, aunque sí le di a leer mi poesía, poesía que él destrozó; pero llegó un momento en que me dijo: “mira creo que estoy perdiendo el criterio, me estoy poniendo viejo, ya me gustan tus textos de poesía, ya no los puedo criticar, no puedo decirte ya nada, búscate otro mejor crítico”. - Pero esencialmente no se leían entre... No, leíamos a otros autores. Confrontábamos con otros, pero entre nosotros no. No podíamos hacerlo porque teníamos muy arraigado el problema de la responsabilidad del escritor y del trabajo intelectual. Pensábamos que el hecho de intercambiar textos mediatizaba la autoría. Preferíamos que cada quien corriera con sus propias consecuencias en cuanto a influencias, estilo, etc. En cambio conversábamos mucho sobre problemas de filosofía, sobre la función del arte; hasta altas horas de la noche estábamos en torno a una vertiente que nos suministrara otro autor. Pero jamás conversábamos sobre nuestra obra. - Últimamente se han hecho algunos exámenes o revisiones del movimiento intelectual de aquella época, sin embargo, y no deja de sorprenderme, no se hace ninguna referencia al periódico Situación, y tuvo diez números... Nueve números. - En fin, no se oye nombrar por ningún lado, parece como si no hubiera existido. Por lo demás, el aporte de los grupos contestatarios parece estar claro, sin embargo, cuál creerías que fue el aporte de grupos como el nucleado en torno a Situación. ¿qué fue lo que Uds., trajeron a la escena? Hay una diferencia notable respecto a grupos como Guillo, por ejemplo, se trataba de grupos literarios para hacer literatura, o para desarrollar actitudes contestarias concretas, o incluso para impugnar la condición del creador en un medio opresivo. Nosotros no andábamos en eso, no éramos un grupo literario, no éramos un grupo en el sentido generacional. Quisimos hacer una especie de periodismo cultural libre, con mucha sobriedad, con mucha altura, cuidando hasta el mismo diseño del periódico. Las entrevistas que hacíamos buscaban dar una visión objetiva, seria de lo que estaba ocurriendo; y en ese sentido la Universidad, repito, nos suministró buenas referencias. - Allí aparece una figura notable y determinante para la Universidad del Zulia, y quien prácticamente es el arquitecto de la Facultad de Humanidades, Millares Carlo... Inauguramos el periódico con Millares Carlo y Delgado Ocando, ellos fueron los primeros entrevistados. La lectura de esas entrevistas muestra que aquel fue un foro amplio donde convergieron diferentes y opuestas posiciones, pues era lo que nos interesaba, la participación desde la verdadera libertad, como lo es la del pensamiento. No nos interesaba lo aleatorio, ni aquello que fuera la moda, nuestro aporte se centró en un periodismo de vanguardia, de gran responsabilidad intelectual. Por eso, quizás, Situación pasó desapercibido; como no era un periódico contestario y de poses violentas se le ha negado un espacio en esas revisiones y evaluaciones del pasado cultural reciente del Zulia. -Tuvo mala circulación? Tuvo muy buena circulación. - Entonces no se explica que nadie lo conserve... No lo conservan porque no respondía, según la apreciación de una cierta intelectualidad, a las exigencias del momento, se le consideraba un periódico fuera de moda, no respondía a lo que en ese momento se estaba recibiendo de la gente que trabajaba en la vida cultural de la región. Nosotros intentábamos hacer algo diferente, que respondiera a exigencias menos casuales y coyunturales. - A Uds., les interesaba la realidad nacional, pero mediada por una concepción de la política donde el arte, la estética, la filosofía permeaban todo un discurso que ha podido parecer desubicado ¿era eso? Tu pregunta pudiera aclarar muchas cosas. Queríamos sintonizar con lo que estaba ocurriendo en el mundo, nivelar nuestra angustia y nuestras expectativas, romper con el aldeanismo. Nos interesaba la región y el proceso de su pensamiento y para desarrollar ese interés no creíamos, aun cuando no gozaran del favor del público. Nos interesaba la ciudad en su pensamiento, en su acción, en su dinamismo, pero al mismo tiempo queríamos hablar, y disculpa mi arrogancia, en términos universales del hombre zuliano. - No creo que sea ninguna arrogancia, me parece una puntualización importante... Bueno, eso tratábamos de hacer allí, en Situación. Producir una revalorización del hombre zuliano desde la perspectiva del trabajo universitario y del trabajo literario. La política nacional nos interesaba en la medida en que respondía a una exigencia humana ante la realidad global. Cuestiones como el crecimiento del hombre, la libertad, la finalidad de la existencia, para nosotros eran de gran importancia. Sin desconocer la urgencia histórica de lo que estaba ocurriendo, no quisimos sumarnos al griterío, optamos por guardar la distancia, como decía Guillermo de Torre, para no perder la perspectiva; eso quería decir que estábamos muy cerca de las masas, que escuchábamos sus gritos, pero sabíamos distinguir sus voces. No teníamos interés en que nuestra voz se confundiera con la algarabía y fuera aniquilada. Si aquel ahora es un esfuerzo ignorado, no hay amargura en quienes participamos de él; nosotros nos miramos y sonreímos, ahí está la historia, y seguimos en nuestras actividades comunes y corrientes de hoy. - Sin embargo, muchos de los irreverentes que han podido estar en el plano opuesto del grupo de Situación, como Blas Perozo Naveda que es tu amigo y siente un gran aprecio por ti, parecen sonreír también. A Blas yo lo quiero mucho, y déjame decirte que tuvimos luchas duras en esos años. Ambos llegamos a cambiar de calle para no cruzarnos; pero pienso que eran diferencias no tanto políticas como intelectuales, y eso tenía su encanto. El tiempo nos permitió verlo de esa manera. - Ahora, el momento tiene como centro, por un lado los grupos contestatarios, contraculturales; y por otro la actitud ortodoxa, un poco de crítica contemplativa que se aloja en Situación, pero todo gravitando alrededor de un espacio extraordinario, y ese espacio es la Universidad; asimismo me parece igualmente asombroso que ese entorno-ambiente se haya esfumado. La Universidad fue en los años 60’ y parte de los 70’ la caja de resonancia del pensamiento y de la política. La búsqueda y las reflexiones más importantes estuvieron allí, y esto incluye la lucha, el conflicto abierto; pero ha perdido espacio, fue rebasada por la ciudad, la ciudad como conglomerado ha rebasado lo que pueda hacer la Universidad en materia cultural. La política como ejercicio de clanes se ha metido en ella. Ahora, en los 60’, también se vivía intensamente la política, pero se asumía como polémica, como confrontación de altura, y esto es lo que debe darle el carácter universal a la Universidad. La pobreza del país la ha tocado. La sin razón y la mediocridad que ha escindido la vida, el ser venezolano penetró también lo universitario. En estos momentos estoy culminando estudios que tuve que abandonar, en aquel entonces, por razones profesionales y de trabajo; así puedo establecer diferencias, evaluar dos tiempos y entiendo que otras urgencias se han impuesto, una cierta pobreza que va más allá de lo material lo domina todo, así como antes dominaba la esperanza, aún dentro de la crisis. - En esos años, en Latinoamérica se veía la Universidad como un agente de liberación, como el instrumento capaz de producir el conocimiento necesario para destruir las estructuras de dominación. ¿Qué ha pasado con esa expectativa? ¿Qué la sustituyó? En el mundo había un proceso de transformación de raíces espirituales, y esto significaba una revalorización del conocimiento frente a hechos como la Guerra de Viet-nan. Latinoamérica surgía como una sociedad emergente, era un poco la esperanza de lo inédito, pero ahora vemos como todo fue una era de proposiciones inacabadas. En cuanto al rol actual de la Universidad, pienso que ella enfrenta los retos del desarrollo. En esta época de grandes cambios, el poder de hacer está menos en la política que en el saber, en la medida en que haya sabiduría, una actitud heurística, en esa medida los pueblos se harán fuertes. - Eso del retroceso de la política frente al conocimiento, es un hecho positivista, corresponde al modelo del Positivismo del siglo pasado... Bueno, estamos presenciando la vuelta del liberalismo económico. Creo que se nos ha escapado el verdadero funcionamiento de las cosas, hay que atender más a la sociología; hemos perdido el saber porque se ha impuesto la coyuntural y porque hemos dividido la realidad en compartimentos estancos: la economía, la psicología, y entre tanto el hombre total, el hecho humano se nos ha escapado. Los hombres de esa época estamos descubriendo el poder a través del conocimiento total de lo parcial, y esto parece una contradicción. - Tu trabajo literario, la prosa de ficción, cómo va, qué estás haciendo ahora. Vengo trabajando desde hace unos cinco años en
un libro que sigue la misma línea de los anteriores, pero mucho
más cerca de mi realidad doméstica; son textos de la cotidianidad,
de la ciudad, pero donde puede reconocerse al hombre de cualquier parte.
En poesía no estoy haciendo nada ahora, lo más reciente
que publiqué fue Poemas del mediodía; respeto demasiado
la poesía y quiero darme un descanso. Por lo demás, acaba
de salir un libro donde se reúnen algunas entrevistas, que son
más bien diálogos, que cubren más de veinte años
de actividad cultural y periodística. |
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| Revista Dominios, Universidad Rafael María Baralt, Cabimas, 1991. | ||||
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