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ENCUENTRO CON NELLY GARCÍA GAVIDIA (Primera parte) BOLÍVAR ES NUESTRO HÉROE CIVILIZADOR "Venimos de un mito sociogénico, de una partogénesis única" Por José Francisco Ortiz
Acordamos conversar en el café Bambi a primeras horas de la mañana. Yo sabía que el lugar no era propicio para una conversación formal –terraza casi al borde de la avenida, confluencia de gentes y vehículos en una suerte de amalgama de ruidos, amigos que nos reconocen y nos saludan efusivamente, las tazas de café sobre la mesa, humeantes como el aire que llegaba a ratos y se deslizaba vagamente sobre la claridad de una ciudad sin tregua– quería sinembargo una aproximación en el hervor del día al mundo posible, del lenguaje como un ritual. Con precisión de la hora convenida iniciamos nuestra conversación. Nelly, mientras colocaba sobre una de las sillas varios álbumes de fotografía, me dijo: “Es un lugar muy interesante, me recuerda los días de mi infancia en Ciudad Ojeda, los cafés de los italianos: El Florencia, Milán eran de terraza, por lo menos así los recuerdo, mas no se aceptaban mujeres como ahora” . Conocí a Nelly un día de 1992 cuando ingresé como profesor de la Facultad de Ciencias, dirigía entonces el Departamento de Ciencias Humanas. Una década anterior, había obtenido el título de Dra. en Sociología y Etnología por la Universidad de París VIII, y, además, alumna Diplomada de la Ecole Des Hautes Studes en Sciencias Sociales París. Entre sus obras publicadas destacan: “Religión y comportamiento político en los nuevos votantes” (1997). Trabajo en coautoría con Ana Esther Ferrer Montero; “ El arte de curar en el culto de María Lionza” (1996), ha dictado numerosas Conferencias y Seminarios, y publicaciones en revistas arbitradas en el área de la antropología Social y Cultural. Además de ser profesora fundadora de la Facultad Experimental de Ciencias, coordinó de la Maestría en Antroplogía y es Directora, por segunda vez, del Departamento de Ciencias Humanas. Ciudad Ojeda es una ciudad importante, sobre todo muy comercial. Nací en Cabimas, en un campo petrolero, un 2 de febrero, día de la Candelaria y de una deidad africana, soy candente, en el sentido metafórico. Mi padre trabajó durante un breve tiempo en la empresa Creole, mis padres son andinos de Betijoque, estado Trujillo, y nos fuimos a vivir a esa zona…sin embargo, mi padre se hizo concesionario de la Shell en Lagunillas y nos regresamos definitivamente en Ciudad Ojeda. ¿Cuándo se interesó por el ámbito de la antroplogía? Me gradué muy joven, a los veinte años. Estudié filosofía (antes quería ser periodista, siempre me agradó hacer preguntas, me parecía cuando era niña que era una profesión muy hermosa y además soñaba con viajar pero mi padre que era un buen pater familias, intervenía en todas las decisiones de la familia, y bueno él me dijo francamente que había tres cosas en el mundo que valían la pena: Dios, la patria y la filosofía) Aunque la filosofía me dio la oportunidad de sistematizar, era muy joven para entenderlo. Más adelante con mis estudios de postgrado, un poco titubeante, porque no lograba aterrizar, quise realizar un estudio sobre María Lionza, tuve que enfrentarme al trabajo de campo, con mi colega Esthela Ortega, qué sorpresa ni ella ni yo teníamos herramientas para ello: en plena ceremonia del culto a María Lionza, estábamos discutiendo acerca de la objetividad del científico social, de Karel Kosic, y la realidad pasándonos por enfrente. A partir de ese primer error, decidí que debía estudiar antropología. ¿Justifica el criterio de validez el estudio del mito por vía antropológica más que por la filosofofía? Creo que sí, pero no usaría el criterio de validez. Durante mucho tiempo la filosofía ocidental juzgó al mito como falsedad. Por lo tanto descreemos de nuestros propios mitos. Aprendí, sin embargo, que desde la antropología hay un tipo de verdad diferente a la verdad lógico-racional. El mito es tan real, como el mito de la ciencia en el pensamiento occidental. Si hablamos, por ejemplo, de la sociedad Wayúu hay mitos de diferentes tipos cosmogónicos, es decir, la comprensión del origen de la vida: (Juyá) que es agua, cayó sobre la tierra (Maj ) y la preñó. Ese es un mito muy hermoso, por la implicación del agua para la vida. Ese es un conocimiento que no puedo desvalorizar ¿Es una bella metáfora? Claro, es una bella metáfora cargada de información. Veamos que, sin embargo, cuando la ciencia occidental habla del universo lo hace en hipótesis que parecen proposiciones míticas como el big-bang. He creído que el antropólogo es un mito en sí mismo, parecido a Janos, el dios romano, que poseía dos rostros: uno hacia delante y el otro hacia atrás: mirar el pasado, revisarlo, sin perder la perspectiva del presente con la mirada hacia el futuro. El antroprólogo mira el espejo de la humanidad. En el espejo uno es anverso y reverso, no sólo los mil rostros de los demás sino, igualmente, los míos. Pero es necesario acotar, a diferencia del historiador, el antropólogo siempre se sitúa en el presente, nos interesa la sociedad del presente, sus códigos simbólicos que ubican al hombre en la trayectoria del tiempo. Si no estaríamos en un caos. ¿Podemos hablar de un espacio sociogénico en el mito? Sí, evidentemente.Venezuela, por ejemplo, que nace de un espacio de muerte a partir de ese instante se comienza a gestar una vida, que no sólo es la nuestra, sino de toda los estados latinoamericanos, inclusive norteamérica. Nosotros no somos: ni Wayúu, ni Yanomami, ni Añú por mucho que tengamos de ellos, tampoco somos indios, ni negros, ni españoles por mucho que tengamos de ellos, no tenemos un mito donde agarrarnos. Por eso nosotros venimos de un mito sociogénico, de una partogénesis única, producida por un gran padre que fue al mismo tiempo padre y madre: Simón Bolívar. Bolívar es el gran mito nuestro. Por eso es que nos resulta tan difícil hacerlo humano, porque es nuestro héroe civilizador. Sin embargo, Bolívar renace en la literatura El espacio donde únicamente ha sido posible presentar a Bolívar como humano es en la literatura y en el teatro, recordemos el trabajo del grupo Rajatabla, es una obra controversial, a mucha gente no le gustó porque tocó el lado humano de Bolívar; ni en la historiografía, ni en la pintura se ha logrado humanizarlo. Esa imagen del mito moderno cómo lo interpreta la antropología, habida cuenta de que hay disciplinas que se entrecruzan como la sociologogía y los medios de comunicación. La antropología es un medio para conocer. Por supuesto las sociedades humanas crean mitos. El progreso es uno de los grandes mitos de la sociedad moderna, y la sociedad occidental ha sido teleológica. Cuando occidente crea una nueva episteme para redefinir el mito del medioevo, de la vida eterna, está buscando su equivalente: el progreso. Algunas disciplinas marcarán esa redefinición: la física, la biología. Es decir, al apropiarnos del dispositivo simbólico, estamos en la metáfora. Karl Popper señaló en su momento que toda hipótesis es una metáfora, esto es congruente con los ámbitos de la poesía (el mito) y la ciencia. Te responderé con una metáfora de un autor muy querido por mí. Cuando a él lo increpan sobre la cientificidad de la antropología, de la etnografía, él habla de la hipocondría que la antropología ha vivido en los últimos años. Entonces, el asunto es definir cuál es la diferencia de un postulado hecho por un antropólogo y uno hecho por un científico. Nosotros no hablamos solamente de seres imaginarios. ¿Cuál es la distancia que existe entre el sujeto del cual hablamos y la realidad? Es la misma distancia que hay entre Peter Pan y los agujeros negros, entre los personajes de Dostowieski; o en mi caso: qué distancia hay entre Aureliano Buendía y el María leoncero con el que trabajo.¿Cuál es la distancia? Una buena hipótesis. ¿Es Bolívar una buena hipótesis? De las mil maneras de ver a Bolívar, algunas pueden ser una buenas hipótesis. Cuando el artesano o el pintor hacen un Bolívar triste o pequeño, están formulando una hipótesis que es buena para ellos, ahora cuando lo pintan en dimensiones tan grandes que yo me vea pequeña, también es una buena hipótesis. En la edad media los pintores hacían sus obras no para ellos sino por exigencias religiosas. Con ello reflejaban la clase dominante. Cuándo Bolívar pasa del mito a una manipulación de poder? Nosotros nacimos como estado nacional en 1830, aunque ya existíamos como sociedad. En el ideario político de Bolívar era hacer coincidir Venezuela con lo venezolano, es decir la Gran Colombia con Suramérica. La mejor puesta en escena es la Carta de Jamaica, no somos indios, no somos europeos sino americanos meridionales. Bolívar está hablando de una cosa que no existe geopolíticamente. En este sentido todo el estado nacional ha tratado de hacer coincidir Venezuela con lo venezolano, y como tenemos muchas cosas en común y muchas diferencias hay que buscar eliminar la entropía. La única manera es recurriendo a los símbolos que nos unifiquen, y esta unificación se inicia a finales del siglo XIX, haciéndose más fuerte en el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, a mediados del siglo XX. No soy historiadora, pero con Pérez Jiménez hay una propuesta de ideal. Hay una reivindicación de la gesta indígena representada entre otros por Guaicapuro, Tamanaco, Andrezote, el Negro Chirinos que iban en un mismo hilo conductor como idelogía del estado para introyectarla. Bolívar es para nosotros un valor absoluto. Quiero plantearle un tema muy importante en mi vida como escritor: La poesía y la libertad qué alcances tienen en la antropología. La poesía utiliza aspectos cognitivos que se ubican en el conocimiento mismo y aportan conocimiento, al acudir a los dispositivos simbólicos para el uso de metáforas, para la creación de nuevas palabras, se toma libertades así como el pensamiento mítico. Cuando converso con mis estudiantes en lo referente al símbolo les expreso que sólo conozco dos formas de libertad: la del discurso, de la lengua, porque el poeta es libre y la corporal en las sesiones de posesión cuando ésta no está aún socializada. La poesía, por ejemplo, es muy hermosa cuando el poeta se libera de las formas. Hay dos grandes poetas que pienso lograron deslindarse de las formas y que estimo en gran medida: Huidobro y Vallejo, la libertad como dejan fluir sus sentimientos, cuando leemos a Vallejo vemos su dolor, su desgarramiento. ¿Se complementan estas dos libertades en el poeta? No sé si los poetas, fuera del uso de la lengua, para dejar aflorar su discurso son capaces de dejar que la metáfora del cuerpo hable. Yo estuve casada con un poeta, y sé que fuera del discurso poético, son muy formales, muy apegados a las normas…Es muy difícil ver poseídos a los poetas. En la posesión hay una metáfora porque es el cuepo el que habla: el discurso es corporal. |
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