PARA VOCEAR UN PERIÓDICO* José Francisco Ortiz |
Quiero expresar a esta generosa comunidad universitaria, mi agradecimiento por esta honrosa distinción al haber estimado mi nombre para designar el Premio de Periodismo Universitario, recientemente creado por el Núcleo LUZ-COL Sé que esta decisión tomada por el Consejo de Núcleo, Presidido por su Decana, la Dra. Dalmarys Salazar, ante la propuesta del colega periodista Javier Esis, tiene en su objetivo esencial, no sólo el reconocimiento a una vida que ciertamente ha estado consagrada a dos grandes pasiones como lo son el periodismo y la literatura, sino igualmente, a la solidaridad que surge de un compromiso de las relaciones auténticas de la comunidad universitaria. Sé que estos lauros que nos trae la vida vienen acompañados de la nobleza formidable de quienes comparten un mismo destino y ante los cuales adquiero el compromiso de mi corazón agradecido de ser consecuente con la confianza depositada en mí. Un día de 1993 llegué con mis alforjas de sueños a este espacio venerable, y fui recibido no como un extraño sino como si aquí hubiese estado desde siempre, y, ciertamente, la calidad humana fluyente y raigal de estudiantes, obreros, empleados y profesores hicieron posible en mí la utopía de un mejor porvenir. Esta comunidad de intereses espirituales y educacionales me revelaron instantáneamente el sentido griego de la areté. Es decir, el concepto de la dignidad en su más alto valor. Ellos me acompañaron en cada idea, en cada propuesta y como en un acto mágico fue posible la creación del periódico El Núcleo y mantenerlo con la continuidad que exige un medio de esta naturaleza. Debo, por la tanto, hacer buenas estas palabras, al reconocer la maravillosa protección que recibió el periódico de la Profesora Elide Nava de Céspedes, decana para ese entonces, y de las sucesivas gestiones de los decanos profesores Tulio Cedeño y Dalmarys Salazar, y, obviamente, el haber quedado, cuando tuve que marcharme a Maracaibo a cumplir otras funciones llamado por el Dr. Angel Lombardi, rector de nuestra universidad para la época, en las manos diligentes y profesionales de un joven talentoso como es el caso de Javier Esis. Señalo, igualmente, como una referencia importante que tanto apego hay en mí por esta ciudad de Cabimas, que no le fue fácil al Dr. Lombardi convencerme para que me hiciera cargo de la Dirección de Información y Relaciones Públicas en el Rectorado. Mucho lo conversé con los colegas y con mi familia. Tres veces insistió el rector en tiempos distintos para lograr su objetivo. En este sentido comprendí que el hombre tiene, ciertamente, varios nacimientos, que un espacio nos atrae a una nueva dimensión y es como si el tiempo nos fuera esculpiendo mansamente desde el olvido para lanzarnos al vértigo de la esperanza, y continuar por el camino que nos ha sido dado con el viento a nuestras espaldas, que nos sostiene y empuja, en bello decir del poeta Robert Frost. Hicimos tangible la expresión de Herman Hesse cuando escribió que “para nacer de nuevo hay que reivindicar un mundo”. Retuvimos aferradas a las manos las trenzas del destino como un demiurgo expectante, y créanme, recibo este homenaje como el mayor de los premios a los cuales puede aspirar una vocación que sólo aspira a ser útil y compartir la vida en camaradería sonriente, de Gaya ciencia, como nos lo pedía Nietzsche. La Vida se hace necesaria y suficiente en sus matices. Hay veces que marchamos entre las sombras y todo se nos hace transparente y diáfano. En ocasiones las claridad nos enceguece y somos mortales ante nuestra propias dudas. Pero cuánta fecundidad hay en el centro del abismo cuando una alada proeza del amor nos revoca del vacío y de la nada hacia las heredades de la conciencia, del arte y del conocimiento. Debo decir, igualmente, - y pienso ahora por ese niño que fui y que voceaba las “Ultimas Noticias” , tan sólo con la esperanza de reunir las monedas que abrirían el espectáculo nocturno y maravilloso de las imágenes en el antiguo cine de Carache; y por el hijo del obrero petrolero que vivió una vez en un campo de Lagunillas – que bajo el esplendor de un mechurrio en las graves noches de Cabimas pasó un breve tiempo de su juventud en casa de Alcides Arroyo, el hermano que estuvo muy cerca del cuadrilátero, y que una noche de luces y relámpagos en Maracaibo decidió colgar los guantes para dedicar su vida a otros sueños y formar una familia. En fin, Yo vengo del éxodo campesino que es como decir exiliado del montaraz vivir de la montaña y sus dimensiones feraces junto a los pinos, cedros y cañaverales de una tierra que insistente acampa en la memoria, y, como Anteo, debo retornar a ella, para nutrir mi corazón anhelante de libertad, como lo hago hoy en esta fiesta de la amistad solidaria que me entrega la amorosa gente de la Costa Oriental del lago. Yo provengo de una raza nómada de la Isla de Elba incrustada para siempre entre nosotros en las laderas andinas de los Timoto Cuicas, hecho de maíz y niebla en la espesa soledad de los campos. Guardo celosamente las palabras que dieron nombre a los seres y signos que más amo y miro el horizonte del sol como a la casa infinita donde está el germen de lo que somos. Ahora estoy aquí, camino hacia la séptima década de mi tránsito vital, no en nel mezzo del cammin di nostra vita como soñaba Dante a sus treinta y cinco años, irrebatiblemente aún con fuerzas para la lucha en una época, con una juventud anhelante de respuestas, que espera mucho de nosotros. Concluyo estas palabras con un breve texto extraído de uno de mis libros “La realidad tangencial de la comunicación” que sintetizan, de alguna manera, mi sentido de la libertad: “Es posible que al terminar de escribir estas líneas, la garganta del progreso se haya tragado en la obsolescencia mucho de la novedad presente; es posible que la dinámica tecnológica condene al hombre a una suerte de descastado sin patria ni destino; es posible que el arrebato de las calles violentas de este siglo terminen en la desesperanza, sin embargo, no podrá quitarle al hombre la libertad de quedarse en la arena, en la única playa posible, para mirar el horizonte y escuchar la música del universo”
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